Los pedazos

Puede que estemos hechos pedazos pero hay algo espectacular en todos ellos, entre sí se reconocen, pueden encajar con los de alguien y joder, eso suena maravilloso.

Puede que a veces esos pedazos estén tan afilados como una katana, que puedan cortar hasta la seda más fina sólo con mirarla.

Puede que esos pedazos estén tan oscuros como un agujero negro, pero te atraen de una forma embaucadora, son adictivos, como un nuevo amor.

Puede que esos pedazos al chocar unos con otros, suenan como un blues que te desgarra todavia más pero hay algo dulce en ese acto de dolor y tristeza.

Puede que esos pedazos te lleven lejos, tanto como un buen sueño, porque eres tú, son tus recuerdos, tus tristezas, tus esfuerzos, tus todos. Revueltos, cabreados, frustrados, ansiosos por encontrar parte de esa luz que tenían.

Puede que busquen esa luz, puede que así vuelvan a unirse, aunque dejarán alguna grieta, pero no importa, siguen siendo tus todos y siempre lo serán.

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Las cicatrices y mi coño.

A veces me miro desnuda en el espejo al salir de la ducha, hay días en los que no reconozco mi cuerpo pero si las cicatrices. Todas, hijas de puta parecen bonitas. Entre mis muchos lunares podría encontrarse la Vía Láctea, entre estrías y estrías cabe un océano entero. En los muchos pliegues de mi carne se puede encontrar universos sin descubrir con satélites alrededor. Tengo tatuajes porque me siento mejor con la tinta que sin ella. A veces me miro y me gusta, otras prefiero no mirarme, prefiero negarme como una idiota dispuesta a perderse. Pero las cicatrices están ahí , tanto si las miro como si no, las siento y otras siento el impulso de arrancarlas a bocados, cosas raras. Las conozco mucho y ellas me hicieron, sin avisar, a bocajarro y dolor. Ellas saben más de mí que yo misma, pero de eso se trata, de seguir con ellas y con las que vengan, que vendrán. Tengo esa mala costumbre al querer que todo sea de verdad. A veces me miro el coño y joder, siempre lo veo precioso, si pudiera besarlo… lo haría, sin miramientos. En mi mente se forman muchas ideas y como no, pocas son buenas. Pero sigo acariciandome el coño y todas desaparecen, me gusta quererme con orgasmos, que le vamos a hacer. Me encanta el placer de mis dedos fríos en mi clitoris, es como leer un libro al que tengo muchas ganas, es como el olor a café por la mañana, es gozar por el simple hecho de quererme… Por un momento me olvido de mis cicatrices, de los problemas, de mi ansiedad, de mi todo e incluso de mí, pocas cosas se pueden comparar con esa deliciosa sensación, soy incapaz de negarme. Pero joder, que bien sienta…

Podríamos ser…

Podríamos follar cada noche o toda la vida, es una simple elección. Podríamos bebernos hasta quedarnos vacíos. Podríamos desgarrarnos la piel en cada caricia. Podríamos arrancarnos la rabia en cada bocado. Podríamos jurar cosas sin sentido mientras suena un bolero. Podríamos ser un el resto de la maldita existencia. Podríamos vivir en un colchón el resto del tiempo. Podríamos jodernos más y querernos menos. Podríamos sustituir el amor por los gemidos. Podríamos ser jadeos en un eco infinito. Podríamos matarnos y renacer en el mismo colchón. Podríamos ser más carne que placebo. Podríamos ser más salvajes y menos sinceros. Podríamos jurar que es lo que necesitamos aunque sea mentira. Podríamos ser uno sin dolor. Podríamos retorcernos y seguir fallandonos. Podríamos ser sudor y fluidos. Podríamos ser un vicio insano y devorarnos.

O volver a follar y a la mañana siguiente olvidarnos.

El acto final.

El talón baja. No hay nadie. La soledad y la sangre sigue en plena ebullición. No hay máscaras, ni reflejos. Una presencia que te persigue, un antiguo tú. Al que no quieres ver, porque conoces esa mira de decepción. Déjame. Vete. Desaparece. No vuelvas. No soy la que recuerdas. Me he destruido tanto que ya no se quién soy. Me he roto en mil pedazos tantas veces que ya no. No puedo. La lágrimas son mi amor más sincero. No me toques. Tengo miedo de romperme más. Ya no tengo espacio. Ya no sonrió. Estoy sola y a veces pienso que así debe ser. Que no estoy hecha para ser como los demás. Que me espera algo peor. Sólo me apetece llenarme de humo. ¿Y qué más da si el corazón palpita con ganas pero no hay una voz gritando de fondo? ¿Y qué más da si te miras al espejo y no ves nada? ¿Y qué más da si el olvido está agonizando? ¿Y qué más da si sólo quiero estar sin estar? ¿Y qué más da si siento un frio desgarrador y profundo? ¿Y qué más da si funciono por enercia?

Si hago lo que pienso que es correcto hay una parte de mí que piensa o siente que está mal y si hago lo que realmente quiero hacer también se que esta mal.

Mírame. Quiero gritar y no puedo. Ya no puedo hacerme más daño. Ya no. No hay una parte de mí donde se esconda la felicidad, mi felicidad no existe. No me mires con esa decepción, porque es como un puñal que no atraviesa. Tengo un muro sin grietas, lleno de oscuridad, porque ahora no quiero nada más.

Vete. Desaparece. No es el momento de escuchar una crítica totalmente destructiva, no la quiero. No te necesito ahora. Vete. Vuelve en otra vida.

Déjame, por favor. Déjame.

581 días.

Me ardes, como siempre y nunca. Me quemas como si no fuera suficiente con la rabia que tengo por dentro. Me palpitas con fuerza y joder, quiero. Me nace en las entrañas y crece. Me acelera el corazón roto. Amanezco en soledad con cada recuerdo paseando por mi piel, me pica. Me estremece el anhelo de tu boca. Me provoca el deseo de tu mirada. Me estrangula mi propia y puta imaginación. Me muerde con ganas. Me humedezco porque la idea me resulta tan excitante que soy incapaz de resistirme. Quiero tocarme y tocarte, quiero tu piel sobre la mía, quiero que nos fundamos como antes, quiero gemir a gritos tu nombre, quiero morderte, quiero arañarte el alma, quiero retorcerme contigo, quiero querer, quiero pedir más y que me lo des. Sabes que me lo darás, nunca te has resistido a ello. Podrías ser cruel pero al final te vencía el corazón, como me gustaba eso y provocarte. Tenerte, saber que nos perteneciamos, que no necesitábamos a nadie más. Que eramos nuestros juntos. Que valía la pena. Que era lo mejor que teníamos. Joder.

Nos quisimos y aún nos queremos.

Lo echo de menos. Te echo de menos.

Sólo por joder.

Tenemos un talento especial para jodernos. ¿Lo sabés, verdad?
Aunque nos follamos de puta madre, para que negarlo. Pero también nos fallamos constantemente, nos engañamos, nos convencenos, bebemos cerveza y nos jodemos más por costumbre que por vicio.
No nos queremos, no nos odiamos pero nos ponemos cachondos como perros y eso es lo que nos gusta. El juego continuo, el descaro, el morbo, los orgasmos y modernos. Nos necesitamos y volvemos, círculo vicioso.
Nos damos mucha guerra sólo con vernos, nos cabreamos el uno al otro y joder, parece bueno. Pero no lo es, pero tampoco queremos dejarlo. Porque no sabemos, ni queremos y tampoco nos da la gana. Pero, joder.
Quiero beber ron de tu boca hasta que tenga dulce la mirada.
No valemos para otra cosa, salvo para encontrarnos en momentos raros de nuestra vida y seguir manteniendonos por motivos egoístas. Sólo por joder. Por la necesidad de joder, por el morbo de joder y así hasta el final. Hasta que encontremos algo mejor, que debería ser fácil, pero sé conoce que somos torpes o no queremos ver más allá.

“Las relaciones humanas son extrañas.Quiero decir, estás con una persona por un tiempo, comiendo, durmiendo y viviendo con ella, amándola, hablándole, yendo a lugares juntos, y luego ya no”.

Charles Bukowski.

La maldita voz. 

El instinto primario.

Ese que tiene tanto potencial,

tanta fuerza

tanta crudeza

nos arrastra.

Es esa voz que clama y proclama,

esa puta voz, cuesta tanto negarse:

“No seas tonta, hazlo, aún que esté mal, no es tu problema, folla.”

Como arde, como construye imagines en la cabeza a una velocidad de vértigo y lo malo es que te gustan esas imágenes. 

Es embaucador, decidido, mentiroso, cruel y bastante convincente : 

No te lo pienses tanto, te mueres de ganas, puedes y quieres, no seas remilgada. No hagas como si no te gustarán los orgasmos, como si no fueras a gemir a gritos, como si no quisieras doblegarlo. A mí no puedes engañarme.” 

No puedes ponerle una mordaza, porque esa voz  aterciopelada sabe tus puntos débiles y los usa , esa voz  perturbadora acaricia tus instintos más básicos, te excita, la muy zorra.

¡Joder, sabe mucho!

Sabe que te palpita, que te contienes, que te resistes a caer en su trampa, porqué podrías hacerle caso perfectamente pero entrarías en una lucha con tu conciencia y esa también sabe. 

Venga, si vas a terminar haciéndolo por mucho que te resistas, te conozco, es algo que te puede, eres una adicta, una enferma y lo adoras. Te encanta sentir a alguien dentro de ti, te vuelve loca la fricción, los dedos hábiles , la humedad fluyendo, las lenguas que te beben, los labios cuando desbordan, los jadeos en boca ajena, ver como se retuercen… ¿Cómo vas a negarte al placer por un simple conflicto con tu conciencia? ¿Por qué niegas con la cabeza lo que deseas sentir entre las piernas?

No tiene sentido. Venga, hazlo.¡ Qué tienes hambre! “
¡Hija de puta, callate de una vez! 

Esa voz, esa maldita voz, es más incitante cuando la mezclas con alcohol. Entonces si que no para y joder… Empiezas a plantearte la resistencia, tu esfuerzo, tu conciencia, tu todo y si terminas cediendo será el final. No. Basta. Para de una vez.

“En tus profundas entrañas sabes que lo necesitas,que lo deseas, te puede, te nace en tu coño, vamos date el gusto. Quieres y estás empezando a ponerte nerviosa, pídelo, te lo van a dar y si no sabes como hacerlo. Vamos nena. Lo ansias. Te está devorando. Venga. Folla. Son orgasmos, son tuyos. ¿Cuándo te has negado a ello? 

Ve y folla. “